Iglesia del Hospital de la Santa Caridad

Hospital de la Santa CaridadEl Hospital de la Santa Caridad —especialmente su espléndida iglesia— es uno de los paradigmas del barroco sevillano y su visita es imprescindible para quienes quieran llevarse una imagen esencial de la ciudad, que vivió en aquel periodo sus décadas álgidas. La Hermandad de la Santa Caridad, cuyo origen se remonta a la Edad Media, regenta este Hospital establecido a principios del siglo XVI en la antigua capilla de San Jorge, junto a las Reales Atarazanas, motivo por el que éste es el santo titular. En 1645, convencidos de la insuficiencia de este pequeño recinto religioso, los hermanos acometieron la edificación de un nuevo templo ocupando precisamente parte de los antiguos astilleros.

Las obras fueron encomendadas a Pedro Sánchez Falconete y se prolongaron hasta 1670. Es un edificio de planta rectangular, de una sola nave y cabecera recta que mantiene los esquemas de los templos conventuales hispalenses. Las bóvedas presentan una interesante decoración a base de yeserías geométricas de cartones recortados, que en la cabecera se transforman en temas vegetales, mascarones y puttis. La fachada se articula en tres cuerpos en altura, y en su parte superior se aleja del proyecto original y se debe al arquitecto Leonardo de Figueroa.

Finalizada la estructura arquitectónica, a partir de 1670 se emprendió la costosa decoración interior, en la que intervinieron los mejores artistas que entonces trabajaban en la ciudad. El retablo mayor fue encomendado al tracista Bernardo Simón de Pineda, mientras que para las esculturas se recurrió a Pedro Roldán, a quien se debe un espléndido relieve sobre el Descendimiento de Cristo que acaba de ser restaurado y que es, sin duda, una de las cumbres del barroco hispano.

Para las obras pictóricas Bartolomé Esteban Murillo y Juan de Valdés Leal fueron los escogidos, lo que ya da la medida de la relevancia de esta empresa religiosa y artística. Su programa iconográfico se basa en los propios estatutos de la Hermandad y, singularmente, en El discurso de la verdad, escrito por Miguel de Mañara, que ingresó en ella en 1662 y cuya figura ha sido decisiva en su historia.

La mejor expresión gráfica estos principios teológicos son los jeroglíficos de las postrimerías, dos lienzos de Valdés Leal: In ictu oculi y Finis Gloriæ Mundi. La fugacidad de la vida y la presencia de la muerte se presentan al espectador de manera descarnada en un intento de sacudir las conciencias e invitar a la caridad.

Otras obras de arte completan la ornamentación de esta Iglesia y justifican su visita: un magnífico púlpito de 1674 (año en que fue abierta al culto), la decoración pictórica de las bóvedas o la del coro, con otro lienzo de Valdés Leal sobre El triunfo de la Cruz; los retablos de la Virgen de la Caridad y San José; o la escultura del Santo Cristo de la Caridad, obra de Pedro Roldán.

Para llegar, la Iglesia y el Hospital de la Caridad están muy cerca de la Catedral y merece la pena llegar caminando desde esta zona monumental tras un breve paseo, atravesando el Arco del Postigo del Aceite. En autobús, estas son las líneas más apropiadas: 25, 26, 30, 31 y 33.

Imprescindible:

  • Retablo mayor.
  • Pinturas de Valdés Leal.

Datos útiles:

  • Calle Temprado, 3.
  • Horario de visita: 9:00-13:30 y 15:30-19:30.
  • Cerrado los domingos por la tarde y durante los cultos.
  • Teléfono: 34 954 22 32 32.

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